
Mi primera mirada del día es aquel edificio gris… aquel que no me deja mirar el horizonte ni el mar. Está ahí enfrente de mi ventana… como un predador asesino, matando mis versos.
Ese edifico, construido hace tiempo con la única razón de destruir mi paisaje, mis sueños; se levanta glorioso y con burla de mí… en mi rostro.
Intento evadirlo, pero cada mañana hace lo mismo… me mira, se ríe y dispara; haciéndome caer temprano, cuando el sol apenas levanta sus brazos…
¡Maldito!... ¿Cómo hacer caer tal monstruo?... ¿Cómo evitar que se alimente de mi inspiración?... mis versos se sostienen… pero no se cuanto pueda hacerlo….
Maldito asesino de versos… maldito asesino de horizontes… Maldito asesino de mares y lugares soñados…