
Después de estar en la parada del autobús de San Pedro, la cantidad de personas que se encontraban en el bulevar, me dificultaban caminar bien, chocaba contra ellas, y me miraban con repudio y asco.... aunque ya había aprendido a vivir con eso siempre.
Escuche en la esquina a aquella vendedora de chances que discutía con su esposo, ya en estado alcohólico aunque fuera en horas tempranas; escuché las monedas al caer y me provocó un fuerte dolor de oídos y las personas gritándole al borracho... la había golpeado otra vez, tal como lo hizo ayer y todos los días de la semana.
Me alejé lo más que se podía del grupo de personas que ayudaban a la vieja...
-No me gusta los tumultos - pensé - nadie sabe donde poner los pies.
Seguí mi camino, intentando esquivar a todas las personas que caminan de prisa... no se preocupan de lo que ocurre... escuché muchas voces... miré hacia arriba y observé el gran edificio con algo luminoso en forma de M... pero esta vez no iba a entrar, aunque olía a comida y llevaba bastante tiempo que no comía... todavía dolía la última vez que estuve ahí.
Llegué a aquella plaza llena de palomas... aquella que no me gusta... porque tiene mucho piso de piedra... y se siente raro caminar encima de él... -yo prefiero la tierra- siempre me había dicho.
Aunque me gusta observar aquella preciosa estructura que se ilumina en la noche... donde se escucha sonido precioso... de música y flautas... donde las personas no tienen prisa ahí adentro... es más varias personas no se han movido en años... aquellas que están encima del edificio y un día los trajeron en grandes placas de hierro según escuche...
Seguí mi marcha, a aquella calle ancha... donde cuesta cruzar... aunque aprendí que cuando está el sonido de pájaro hay que cruzar... no de paloma... si no de pájaro del otro parque donde hay tierra.
Resultó que esa vez no hubo pájaro... más bien había un par de señores subidos donde el pájaro suena... señores uniformados que cortaban pedazos de la estructura, con una carro muy grande que los elevaban a una altura impresionante, esperé pero no había pájaro; así que me tocó cruzar.
Ya lo había hecho varias veces... tenía mucha práctica... pero está vez... de nada sirvió. Estando en la mitad una rueda pasó sobre mi... sentí como se rompió varias cosas... salí pegando gritos y me lancé a una esquina... donde un señor uniformado llegó y me acarició la cabeza... pude ver mi cuerpo lleno de sangre... y sentía un dolor profundo.
- Tranquilo perrito... tranquilo.... - sacó de sus manos un cable, y lo puso en mi cuello, jalo fuertemente y aunque no podía respirar... sentí como el dolor fue mermando.
Quede tirado en una esquina del Seguro Social, esperando que pasara alguien a enterrarme... pero caminó las horas hasta que llego un señor de aquellos que recogen bolsas y me levantó... Ahora ya no tendré que odiar los tumultos... donde nadie sabe donde poner los pies... donde todos me pateaban.